Quién soy
Hola, me llamo Isabel. Primero que nada, quiero darte las gracias por interesarte en este proyecto.
Me gustaría contarte un poco sobre mí: nací en una familia católica y me eduqué en un colegio del Opus Dei. A los 18 años, más o menos, dejé de creer en Dios porque no veía amor en Él. Tampoco entendía la devoción a los santos, a la Virgen María ni el hecho de que hubiese tantas advocaciones de la misma. La cuestión es que no encontraba coherencia en ninguna de esas enseñanzas.
Durante unos 25 años viví «en el mundo», como se suele decir. Me creí muchas de las mentiras del «yo puedo con mis propias fuerzas», la astrología, las energías... Hice terápia duranbte muchos años y me fué muy bien, me certifiqué como coach... En fin, hice casi todo lo que se suponía que debía hacer para estar bien, y aunque tube épocas de paz, en unos años todo se giró. Me cansé de analizarme, hacerme masajes energéticos que solo me volvían más irascible, de dar gracias al universo y de «cancelar, cancelar, cancelar» cuando algo no iba bien. Hacía todas esas cosas, pero no me decían nada, cada vez sentía un vacio más grande y estaba todo el día irritable, de mal humor, sin paciencia... Algo dentro de mí me decía que por ahí no era, pero no sabía dónde buscar. El universo, las estrellas, la tierra, el agua... a mí nunca me dijeron nada; jamás entendí que todo eso pudiera tener algún poder.
Así que un día, desesperada en la cama, empecé a pedir que alguien o algo me ayudara, porque ya no podía con mi vida, mi trabajo ni mi familia. Llegué a pensar que el mundo sería un lugar mejor sin mí. Y esa noche, en ese preciso momento, oí Su voz que me dijo:
—«¿Por qué no se lo pides a Dios?».
Me quedé paralizada y extrañada:
—«¿A Dios?».
La verdad es que no entendía nada; habían pasado muchos años sin pensar en Él, al menos que yo recordara. Pero lo hice, y al instante sentí un calor muy agradable. Eso me dejó desconcertada, así que volví a preguntarle «al universo» o a lo que fuera, y la sensación desapareció. Cuando volví a preguntarle a Dios, el calor regresó... Creo que hice esa prueba tres o cuatro veces, y Dios, en su infinito amor y paciencia, me respondió de la misma manera en cada una de ellas.
Unos años más tarde nació Selah Candles. Surgió cuando me di cuenta de la importancia de dedicarle a Dios tiempo de calidad, de pararlo todo y estar a solas con Él. El día a día me atropellaba y, aun sabiendo que Él está en todas partes, rara vez le reservaba un espacio o un momento exclusivo.